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  • Eric Calcagno

Tiempo loco, ¿hé? ó algunos severos nubarrones en el horizonte

“Este planeta no soporta este sistema”.

Eslogan anarquista contemporáneo.


Es una lástima no poder encontrar ahora fotogramas de una entrevista a un legislador norteamericano, de hace algunos años ya, donde en medio de una intensa nevada, esa persona afirma, alzando los brazos: “¿cómo pueden hablar de calentamiento global?” Hubiera sido una buena imagen para recorrer esta etapa. Pero no lo encuentro: nada se crea, nada se pierde, todo se traspapela. El desorden también es el precio del viaje. Debía ser trumpista. El legislador, no el viaje, digo.



La mayor nevada en el Estado de Texas. Foto del diario El País, febrero de 2021.


Esto demuestra que si creemos a nuestros sentidos en una situación de inmediatez, pensaremos también que la tierra es plana, así como lo ven nuestros ojos en la suerte de caminar por la playa. Y que el sol gira alrededor de la tierra. Y que las vacunas no sirven: basta con la oración. O a mí no me puede pasar. Lo que es poner los sentidos, Dios y la suerte en lugares equivocados.


Porque en el curso del camino hemos leído los relatos sobre la irrupción del cólera, ese fantasma del Ganges según Chateaubriand, que nos permiten encontrar la alineación perfecta, no ya entre astros y miasmas mefíticos… sino una conjunción entre la presencia humana algo abusiva, pues ya los británicos saqueaban los bosques de madera preciosa en lo que hoy es Bangladesh, con hechos tectónicos, esas erupciones equivocadas, lo que redundó en una alteración del medioambiente local.

Con consecuencias distintas según las regiones. 1817 fue el año sin verano, que refieren Lord Byron y Mary Shelley, lo que nos dio en una fría noche estival el relato de “Frankenstein, ó el modero Prometeo” que ejemplifica lo que es la tecnología sin ciencia. Mientras, en el delta de Ganges, el Vibrión del Cólera destinado a consumir los caparazones de los crustáceos… buscó otro rumbo en los intestinos del homo sapiens.


Turner (1775-1851), el mejor pintor del impresionismo francés. ¿Lo qué? “Erupcion en el Vesuvio”, 1817.


En ese escenario, que es posible aunque no sabemos aun con qué frecuencia sea, si una pandemia sucede a otra pandemia. Como en la historia, de hecho. Si las alteraciones al clima continúan, es probable que los reservorios pandémicos en potencia sufran alteraciones de temperatura.


Otra de Turner sobre el año sin sol.


La consecuencia directa es la abundancia de patógenos, que salen de sus reservorios –la palabra en ingles es “spillover”, que podría ser desborde, o derrame, que en inglés se dice “trickle-down”, y pasen a algún animal. Luego, habida cuenta de la deforestación y la implantación humana en esas tierras, tarde o temprano pasará a algún humano, y luego de persona a personas. Y así nacen las pandemias.


Hay que decir que en alguna época, no muy lejana, algunos sostuvieron que el hambre y la miseria serían vencidos como causas de mortalidad, y que luego las pandemias, de la Peste Negra a la Influenza, también serían domesticadas, y en ese mundo sólo sobrevivirían como amenazas concretas asuntos como el cáncer o los achaques propios de la vejez. Podría cumplirse así, a escala planetaria, aquella frase de Oscar Wilde antes de fallecer: “muero en perfecto estado de salud”.


Ese argumento, como la idea del “fin de la historia”, no tardó en encontrar a la realidad. Veamos que nos puede decir al respecto Joshua Lederberg: “vivimos en una competencia con microbios, bacterias y virus. No hay garantía que nosotros seamos los sobrevivientes”. ¿Pero quién es ese tipo?


Joshua Lederberg (1925-2008) observa una muestra. Especialista de la genética de las bacterias, formado en Yale y Columbia. Premio Nobel de Medicina en 1958, a los 33 años.

Un Premio Nobel de verdad, no como esa truchada de “premio nobel de economía”. ¿Quedó claro?


Mi tesis principal”, escribió Joshua en la revista “Science” allá por el otoño boreal de 1988, “es que el progreso de la ciencia médica durante el último siglo ha oscurecido la continua vulnerabilidad de la especie humana frente a una infección a gran escala. Hemos fallado en reconocer nuestra relación con los microbios como un proceso evolutivo continuo (...) Tenemos un liderazgo razonable sobre las bacterias; no le prestamos demasiada atención a los parásitos protozoos que afectan sobre todo al tercer mundo; somos peligrosamente ignorantes sobre cómo lidiar con un virus”.


No se queda allí. “Luego de replicar el árbol de la sabiduría, y teniendo las posibilidades (…) somos complacientes para creer que la naturaleza es benigna; somos arrogantes para decir que tenemos los medios para sacarnos de toda competencia. Pero nuestros principales competidores para conseguir la predominancia, fuera de nuestra misma especie, son los virus, bacterias y parásitos. Ellos son la interminable amenaza para nuestra supervivencia”.

Esther Lederberg (1922-2006), compañera de Joshua, con su microscopio. De hecho, investigaron juntos, publicaron juntos, ganaron el Premio Pasteur juntos, pero el Nobel fue para Joshua. ¡Machirulos!


“Como debo reiterar” remata, “nuestra negligencia hacia las enfermedades en las regiones más pobres del mundo, que son mayoritarias, no es solo una desgracia humanitaria; deja plena libertad a la semilla de nuestras infecciones locales”. Joshua también se queja porque las vacunas disponibles no están en los lugares en donde se las necesita. En 1988.


“Como siempre”, continúa al hablar del HIV/SIDA, “el tercer mundo está pagando el precio más pesado, en la muerte de aldeas enteras y en el estigma de los orígenes biológicos del virus. Todos tenemos miedo de lo que vendrá después. ¿El virus se expandirá mucho más? ¿Cuáles son las perspectivas de una vacuna? ¿De una cura?”


Y así dice: “nuestra preocupación con el HIV/SIDA no debe dejar de lado la multiplicidad de enfermedades infecciosas que nos amenazan en el futuro. Nunca es demasiado temprano para desarrollar una vigilancia sistemática orientada hacia nuevos virus antes que queden definitivamente implantados (…). Esta investigación debe ser realizada en una amplia escala internacional, tanto para compartir los progresos hechos en los países desarrollados como para amplificar los trabajos de campo en los países más afectados”.


En efecto, podemos sostener que en el momento en el que Lederberg escribió esas palabras, la consideración del HIV/SIDA como una dolencia que afecta a los homosexuales, con toda la carga discriminatoria que eso implica, es también hacerle un tremendo favor al virus: no nos ocupamos del resto de la población. Es la “peste rosa”. Total, como no soy gay, a mi no me afecta…


Fuera del protocolo real (muy machirulo) una tal Diana Spencer (1961-1997) saluda a un enfermo de HIV/SIDA, en 1987. Grossa. ¡En tu cara, realeza inglesa! Por cierto, la nobleza se demuestra en los hechos, no procede de ningún linaje. A propósito, ya que estamos, ¡devuelvan las Malvinas! El colonialismo ya fue.


Y por esa estructura ideológica, que identifica a un determinado grupo étnico, de género, de clase, como el único culpable de tal dolencia específica, aumentan la tuberculosis, o la malaria, o lo que sea, mientras sea contagioso. Un claro signo que los decisores de ese tiempo… no entendieron nada. Porque trataron una pandemia en base a sus prejuicios sociales, y así queda relegada a la culpa de los homosexuales, de los haitianos, de los africanos, siempre de los pobres, y así la pandemia, confrontada a veces por competentes equipos científicos, es percibido en la sociedad en base a los prejuicios existentes. Así la peste es.


Esa perspectiva propia de un lombrosismo tardío permite la construcción de una “Linea Maginot” conceptual, tanto frente a las pandemias como frente a las pestes. Lederberg también denuncia la idea de una naturaleza buena contra una humanidad mala, lo que viene a reemplazar el mito del buen salvaje caro al siglo de las luces. Eso privilegia los equívocos. La naturaleza no es moral, ni inmoral, ni amoral. La naturaleza es. Como escribe Wittgenstein en su tractacus logico-philosophicus: los hechos son.


Ludwig Wittgenstein (1889-1951), teniente de artillería del Ejército austro-húngaro en la Gran Guerra. Luego fue discípulo de un tal Bertrand Russel (1872-1970) en el Trinity College de Cambridge. Léalo. No es fácil. Pero créame que vale la pena. Después de todo, Wittgenstein es, como los hechos.


Luego, esta naturaleza actúa según su modalidad evolutiva, y así como a principios del siglo XIX la erupción de dos volcanes provocó impensables daños, el año sin verano, y permitió que el vibrión del cólera azotase al planeta, perdón, a la humanidad –que no es el mundo- entonces ¿qué pensar de la menuda ayuda que le dan los gases de efecto invernadero a los patógenos que retozan en sus reservorios? Si la temperatura aumenta…


El fenómeno de “spillover”, en el caso del Ebola, según Kathleen A. Alexander. Ahora sabemos que nadie puede decir que no sabía de lo que se trataba.


Sucede lo que los científicos llaman “spillover”. Es que significa en los hechos un derrame de patógenos en busca de huéspedes, animales o humanos. O en ese orden.


Aventuramos que al modificar las condiciones del medio ambiente a través del calentamiento terrestre, aumentamos las posibilidades de un “spillover” patógeno. Lo que no sucede con el “derrame” en economía. No son necesarios volcanes, el modo de producción que domina en la actualidad es tan bueno que hasta puede reemplazar cualquier erupción. Como veremos a continuación.

Este cuadro muestra las anomalías en las temperaturas desde 1880, expresadas en grados centígrados, analizadas por cuatro instituciones diferentes, entre ellos el Instituto Goddard de la NASA para estudios espaciales. El objetivo de ese organismo es la investigación de los cambios en la atmosfera y en el clima. Usan datos de modelos atmosféricos, superficie terrestre y oceánica. También estudian el clima del pasado y así pueden construir modelos de evolución a largo plazo.


¿Cuándo empieza el aumento de la temperatura? Veamos.


Hay que decir que existieron importantes evoluciones en el tema que nos ocupa. Por ejemplo, en vez de hablar de “calentamiento global”, lo que puede ser pertinente hacia el fenómeno que enfrentamos, ha logrado imponerse la idea de “cambio climático”, bastante menos alarmista. Después de todo, un cambio siempre es percibido como positivo, en base a consideración ajenas a la realidad, por cierto. Vemos cómo, en base al poder, lo simbólico puede disfrazar lo material. Del mismo modo, la tuberculosis podría llamarse “desafío pulmonar individual”. ¿Qué cobarde no aceptaría un desafío?



Esta es la evolución de las fuentes de consumo energético per cápita desde 1800. Hoy estamos con el gas natural, el petróleo y el carbón. En toneladas de petróleo equivalentes por persona por año. Hay que saberlo.


Otro gráfico más:


Aquí vemos la evolución del porcentaje de energía que es utilizada según los tiempos. Hoy utilizamos casi un 80% de energías fósiles. Mmmmmmhhhh.....


También existen otras voces que afirman la naturalidad de la estadística de las temperaturas. A veces hace frío, a veces calor, no es demasiado distinto de lo que existió antes –hace milenios- y lo que sucede ahora. Es inútil, pues, intentar culpar a la actual modalidad económica de variaciones que están inscriptas en la fatalidad climática, tan inexplicable como el universo, tan irremediable como la lluvia. Quizás la temperatura sube si el sol calienta más...


Aquí vemos que la temperatura en la tierra tuvo variaciones de manera independiente del sol. Igual, parece que la temperatura aumenta a fines de los años setenta. ¿Apenas llegamos a un grado más? No es tanto, vamos, tan grave no debe ser... bueno, sería interesante explicarle eso a los virus, bacterias y protozoos, aunque estos son entidades de pocas palabras. Veamos ahora algunas consecuencias del calentamiento global, que algunos llaman “cambio climático”.



Deforestación en el norte de Argentina. La foto de arriba es del 18 de Diciembre del 2000, la de debajo del 24 de Diciembre de 2019.




Descubra las diferencias entre las dos fotos! La foto de arriba es del 1 de Julio de 2019, la de abajo es del 3 de Julio de 2020. Solucion: el nivel de agua cae en el Rio Paraná, en Argentina. ¡Gracias NASA!




Las inundaciones en el río James en Dakota del Sur, en Estados Unidos. La foto de arriba es del 10 de Marzo de 2015; la foto de abajo es del 23 de Marzo de 2020. Hay que jugar con la NASA.




Aquí vemos el retroceso de glaciares, producto del calentamiento global. Si una imagen puede valer más que mil palabras... es esta. NASA, grossa.


Hay que decir que con esta última secuencia de fotos, la de los glaciares, aflora otro problema. Es un problema cronológico. Y no es una buena noticia, al menos si escuchamos a los profesores de biomedicina Chantal Abergel y Jean-Michel Claverie de la Universidad de Aix-en-Provence. En efecto, hace unos milenios, parece que algunos microorganismos quedaron congelados en los hielos. Como el hielo se derrite por el calentamiento global...


Este es un virus descubierto por Chantal (1961-...) y Jean-Michel (1950-...), que además son pareja. Así lo dice la revista Nature (lo del virus, claro) de marzo de 2014. Tiene algo así como 30.000 años de edad. El virus, obvio.


Hay virus que anidan en el permafrost. El permafrost, según la Real Academia, es la “capa del suelo permanentemente congelada en las regiones polares”. Al derretirse éstas, tenemos esto. Tal parece que los Doctores Abergel y Claverie no sólo los encontraron, sino que observaron cómo un virus de hace 30.000 años infectaba una ameba del siglo XXI. Así existe una diversidad de virus en el hielo, de edades innombrables, que van a florecer. Igual que esta planta, cuya semilla estaba en el permafrost siberiano.


David Gilichinsky (1948-2012), de la Academia Rusa de Ciencias, encontró semillas en el permafrost. Y germinaron. Aquí, una Silene stenophylla de 32.000 años de edad, según la revista Nature de Febrero de 2012.


Pero eso no es todo. Ya en abril de 2020, Chantal y Jean-Michel advirtieron que “estamos cada vez más cerca de la vida silvestre. No paramos de avanzar sobre la biodiversidad y estamos cada vez más amontonados. En la naturaleza hay decenas, miles de coronavirus que se reproducen en sus huéspedes, tanto que a veces estos virus obtienen la capacidad de infectar a un ser humano. Pero nada sucede si no hay humanos. Por el contrario, un solo animal puede infectar al humano, y ese día el humano se agarró el virus”.


¿Cómo funciona eso? “Es un juego de coincidencias en red, un poco como la lotería. Pero el humano vive cada vez más cerca de los bosques y cada vez más en las megalópolis, estas condiciones son favorables para las epidemias de este tipo. Con la deforestación, el cambio climático y el hecho de que somos cada vez más numerosos, el riesgo que el virus se expanda es más importante”.


Así, las condiciones para la aparición y propagación de un virus son creadas por las mismas personas a las que afecta. Habría que ver cómo trasladar ese costo de externalidad a la sociedad. Pero… ¿hasta cuándo? Una de las “ventajas” de la actual situación quizás pase por hacer presente lo que está, lejos del poder que muestra un imaginario algo ilusorio (como la teoría del derrame). Y en lo que es: hay una serie de virus, bacterias y protozoos que está.


“Por milenios, la proporción de dióxido de carbono jamás superó esa línea”, nos dice la NASA sobre los niveles de 1950.


Veamos quiénes pueden desbordar y provocar el tan temido fenómeno de derrame patológico debido al calentamiento global, que si bien no parece funcionar en economía como afirma el pensamiento dominante, puesto que bien sabemos que el spillover no es lo mismo que trickle-down.




¡Virus, bacterias y protozoos, aaaa comeeeer! ¡La humanidad ya está servida!

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