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  • Eric Calcagno

¡Viva México, cabrones!

“Le daremos un golpe a quien queramos! Vive con eso”, podría ser una traducción de “We will coup whoever we want! Deal with it”, el famoso twitter con el que Elon Musk apoyaba el derrocamiento de Evo Morales en Bolivia. Ese mensaje fue el 25 de Julio de 2020.



No faltaban motivos, habida cuenta que el litio barato es parte de la ecuación económica de Musk. La provisión segura y constante de tal mineral sólo puede ser fundamental para sus negocios en materia de automóviles eléctricos.


Después que Estados Unidos reconociera el gobierno de facto –as usual- y que los golpistas dieran un espectáculo digno del Capitolio norteamericano en el Palacio presidencial en La Paz –Biblias, oraciones, otras inquisiciones- las elecciones subsiguientes volvieron al gobierno al partido de Evo Morales.


Así, Bolivia continúa con una prudente política de independencia internacional y desarrollo económico con justicia social (como si fuera posible separarlos). Y con el litio monopolio de Bolivia. Mientras los golpistas esperan juicio.


Pueden pasar las pandemias y venir las guerras, pasar los meses y los años, los días y las semanas, bien parece que para las naciones y los pueblos de Nuestra América hay decisiones insoslayables. Así lo entendió el Presidente de México, López Obrador (conocido como AMLO por sus iniciales).


Consciente que no es posible gobernar sin contar con los resortes básicos de la economía, entre ellos los servicios públicos, propuso una reforma para el sistema eléctrico mexicano. Así el Estado como representante jurídico de la Nación, podría tener más y mejor manejo de un área que es formadora de precios. Un factor de poder real.


La oposición parlamentaria mexicana pudo ejercer lo que suelen ejercer las oposiciones a gobiernos populares: vista corta en lo público y duraderos beneficios en lo privado. Como tal norma requería de una mayoría calificada, no le alcanzaron los votos a AMLO. Pero siempre está la política.


En efecto, el Presidente mexicano afirmó que en caso de rechazo de la ley en materia de energía eléctrica, de inmediato enviaría una modificación a la ley de minería de modo tal que el litio sería nacionalizado. Una ley que requiere mayoría simple, por cierto.


Y así es como por 298 votos a favor y 196 abstenciones en Diputados, y 87 votos a favor, 20 en contra, y 16 abstenciones en el Senado, el litio mexicano es de México. En un texto que lo emparenta con Lázaro Cárdenas, que nacionalizó el petróleo mexicano en 1938, leemos que es declarada por ley la “utilidad pública la exploración, explotación y aprovechamiento del litio, por lo que no se otorgarán concesiones, licencias, contratos, permisos, asignaciones o autorizaciones en la materia”. Tomá mate. Digo, Tequila.


Para México, el litio “es patrimonio de la nación y su exploración, exportación y aprovechamiento se reserva para beneficio exclusivo del pueblo de México”. Además, establece “el deber del Estado de proteger los derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos durante los procesos de exploración, explotación, beneficio y aprovechamiento del litio y sus cadenas de valor”.


La Diputada Rosalinda Domínguez Flores, del oficialismo, fundamentó su voto al preguntarse “¿Cómo podríamos dejar en manos de empresas privadas extranjeras uno de los minerales más importantes para el mundo del siglo XXI? Permitirlo sería un grave error y una alta traición a México. El litio que se obtiene de tierras mexicanas debe ser para el bienestar del pueblo de México”.


Por su parte, el Senador y sindicalista minero Napoleón Gómez Urrutia afirmó que “en tres años las empresas canadienses han producido más oro que en 300 años de colonia española. ¿Eso queremos para el litio?”


Encontramos los ecos del artículo 40 de la Constitución Argentina de 1949 (sí, esa que los republicanitas borraron por bando militar después del golpe de 1955): “la organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social”.


En temas minerales, ese texto afirma que “los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedades imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto que se convendrá con las provincias”.

Es notable que hayan sido dirigentes del mismo partido – que es mi partido- los que redactaron esa Constitución en los cuarenta y luego muchos la borraron de sus memorias en los noventa.


En el caso de México queda claro que la política no es un asunto de posiciones estáticas, sino de movimientos –como los de AMLO- y hasta tal vez de principios. Lo que se pierde en un lado –electricidad- puede ganarse en otros -litio. La oposición diz-que-mexicana adujo que para qué tener el litio si no hay tecnología, y las multinacionales son tan generosas… pues México tendrá su empresa nacional de litio.


En este mundo confuso, violento, absurdo, la política puede recuperar su razón de ser y de ordenar, siempre que tenga un proyecto y que elabore un plan. En la Argentina, donde la explotación y exportación de nuestros recursos naturales (como el litio y todo lo demás) no está siquiera regulada, pues las declaraciones son a sola firma, donde los puertos y los ríos son privados, ojalá que el ejemplo mexicano nos ilumine un poco, quizás nos guíe.


No es tan difícil, pero hay que querer, y recordar que “mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar”. ¿Y en México? ¿Intentará Elon Musk fomentar un golpe contra López Obrador? Que vaya con cuidado, pues dicen que antes de cada batalla que tuvo que enfrentar, un tal Francisco Villa gritaba: “¡Viva México, cabrones!”




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